Primer beso

Primer besoDesde la mudanza, Ramiro había intentado conquistar a la linda vecina sin éxito alguno. Ella evitaba la cercanía argumentando que su padre era demasiado celoso y la mataría, mientras él se derretía ante su extravagante personalidad y sus oscuras vestimentas. La muchacha solía ir siempre a prisa, a veces, se escondía de él a propósito, pero su brillante cabellera negra flotando en el viento, delataba su escondite. Él corría entonces a su lado, para seguir conversando, pero quedaba mudo ante su presencia que lo llenaba de una paz desconocida.

Era evidente que estaba enamorado, por eso sufrió extrañándola, aquella semana de vacaciones que pasó con la abuela. Al volver, esperaba al menos ver la sombra de la chica en la ventana, pero las luces estaban apagadas y tuvo que esperar. Pasaron días hasta que no pudo más, solo se veía al señor entrar y salir de la casa, probablemente ella también estaba visitando algún familiar. Así que escalo un árbol que lo llevó hasta la habitación de la jovencita. Buscaba al menos llenarse de su aroma o abrazar la almohada, pero se encontró con algo aún mejor, ella estaba ahí, sollozando en un rincón.

Sin saber cómo, terminaron abrazados y compartiendo un cálido beso, que fue interrumpido por las pisadas que subían la escalera: —¡Que no se entere papá! —dijo ella muy exaltada mientras se quitaba una pulsera de la muñeca para dársela al jovencito, quien después de recibirla, emprendió la huida. Al ir tan a prisa, acabó colgando de una rama, donde el padre de la chica pudo verlo detenidamente, prestando especial atención a la pulsera y después le propinó un fuerte golpe dejándolo inconsciente.

Cuando el chico despertó se hallaba en la parte remodelada del jardín; junto a él, de rodillas, estaba el hombre que lo golpeó, tenía los ojos desorbitados, y con sus temblorosas manos, retiraba ansiosamente la cinta de un bulto negro. Ante la mirada incrédula del muchacho, sacó de aquel paquete un brazo, y luego otro, como si buscara algo… de inmediato Ramiro quiso huir y gritar, pero estaba bien atado, igual que amordazado. El hombre desquiciado seguía buscando algo en aquellos brazos cercenados, hasta que al girarlos hacia un lado más iluminado, pudo encontrarlo. Una ligera decoloración en la piel en la muñeca, como si faltara algo que estuvo siempre ahí.

No había Ramiro entendido que esas extremidades pertenecían a su amada chica, y que su padre buscaba afanosamente la pulsera que ahora estaba en manos del joven, porque recordaba perfectamente haberla enterrado con ella. Igual en ese momento ya no había vuelta atrás, el chico vio un cadáver, así que también lo tenía que asesinar, pero en el momento justo que su cráneo seria aplastado por la pala, la cabeza de la chica fallecida rodó hasta él, recibiendo el golpe, emitiendo también un chillido que dejó al hombre inconsciente y alertó a los vecinos.

Desgraciadamente después de eso, el chico no pudo decir mucho, pasaba las horas jugando con su pulsera, recordando aquel horrible momento, y los minutos anteriores en los que un fantasma le dio su primer beso.


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