El desmayo

Historia del desmayoPalomino iba caminando tranquilamente a su domicilio, cuando de repente comenzó a sentirse mal, pues la cabeza le daba mil vueltas.

– Lo que me faltaba un ataque de migraña y ahora ni siquiera tengo a la mano mis pastillas. Pensó.

Se recargó en la pared de un comercio y esperó a que el dolor cediera. Sin embargo, instantes después cayó desmayado. Luego de unos pocos minutos abrió los ojos y una ambulancia estaba frente a él.

Un paramédico le tomaba el pulso, mientras otros dos se preparaban para subirlo en una camilla.

– Bájeme por favor. Ya me siento bien. Creo que puedo caminar. Dijo Palomino.

– De ninguna manera señor, usted sufre un desmayo y en vista del golpe que tiene en la cabeza, es necesario trasladarlo a un nosocomio para que allí le practiquen los estudios correspondientes y evalúen si sufrió o no daño cerebral. Respondió el médico.

– Pero si esos desmayos me ocurren con suma frecuencia, lo que pasa es que olvidé mis pastillas en casa. Lo de la cabeza es un chichón sin importancia. Le suplico que me deje marchar.

– Ya le dije que no. Una de mis funciones como paramédico es la de justamente vigilar que mis pacientes no corran ningún riesgo. ¡Muchachos, subánlo a la ambulancia!

A causa del alboroto, Palomino no se había dado cuenta de que sus extremidades superiores estaban atadas a la camilla. La verdadera razón por la que no quería subir al ambulancia es que sus amigos le contaron innumerables creepy historias de terror de pseudo camilleros sin escrúpulos que se dedican a asaltar a las personas que han sufrido un accidente.

– ¿Dónde dijo que está ubicada la clínica? Preguntó Palomino.

– Todavía no se los digo señor. Pero ya habrá tiempo para eso. Mientras tanto relájese y disfrute del paisaje pues será el último que vea. Murmuró uno de los paramédicos.

Palomino miró hacia su lado izquierdo y notó que uno de los enfermeros se había transformado en una criatura similar a un murciélago gigante. De su hocico salían un par de horripilantes colmillos.

Los gritos de terror de aquel hombre quedaron silenciados gracias a que el chofer de la unidad, puso en funcionamiento la sirena.

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