Archivo de la categoría: Cuentos

El surgimiento del alfabeto

El surgimiento del alfabeto

El siguiente cuento lo dedico a todos aquellos que desean la edad que tengan, aún conservan aún pequeño niño dentro de su corazón. Pocos saben que mucho antes de que los hombres descubrieran el lenguaje, éste ya se había inventado en una porción oculta del cielo.

Aquí, varios eruditos debatían la manera en que el hombre debía comunicarse.

– Tenemos miles de especies que habitan en la Tierra. ¿Para qué necesitamos a los seres humanos?

– Esta especie será un reflejo de nosotros mismos, ya que tendrá un aspecto muy parecido y la capacidad de discernimiento. Por ese motivo, debemos darles un medio de comunicación distinto al de sus hermanos animales.

– ¿Pero el darles raciocinio no traerá consigo problemas?

– Por supuesto que esta característica generará algunos conflictos. Sin embargo, creo que con el tiempo llegarán a formar una hermandad, siempre y cuando aprendan a respetar las diferencias entre unos y otros.

El más joven de los que estaban allí propuso que se crearan distintas letras para cada región del planeta.

– Las zonas en las que está dividido el mundo, van a ser de muy difícil acceso para qué los pobladores de sitios lejanos deciden explorar espacios distantes. Además, eso propiciará la unión de los asentamientos.

– No lo sé, tal vez eso favorezca exactamente lo contrario. Yo como consejero supremo sugiero que se deje un alfabeto y nada más. Mencionó el miembro que estaba ubicado al centro de la mesa.

Todos los demás consejeros después de una breve pausa de deliberación, acordaron en que sólo se crearía una serie de letras, las cuales les fueron dadas a varios homínidos durante una de sus siestas.

La decisión de un alfabeto único continuó hasta que ocurrió el incidente en la ciudad de Babel. Luego de eso, ciertas variaciones del abecedario primigenio fueron difundidas en sitios estratégicos, con el fin de que fueran hallados por distintas tribus.

Finalmente y sólo como información complementaria a este cuento, me gustaría añadir que actualmente se calcula que hay más de 4000 lenguas diferentes a lo largo y ancho del planeta. Por supuesto contando a los dialectos y lenguas muertas.

Primer beso

Primer besoDesde la mudanza, Ramiro había intentado conquistar a la linda vecina sin éxito alguno. Ella evitaba la cercanía argumentando que su padre era demasiado celoso y la mataría, mientras él se derretía ante su extravagante personalidad y sus oscuras vestimentas. La muchacha solía ir siempre a prisa, a veces, se escondía de él a propósito, pero su brillante cabellera negra flotando en el viento, delataba su escondite. Él corría entonces a su lado, para seguir conversando, pero quedaba mudo ante su presencia que lo llenaba de una paz desconocida.

Era evidente que estaba enamorado, por eso sufrió extrañándola, aquella semana de vacaciones que pasó con la abuela. Al volver, esperaba al menos ver la sombra de la chica en la ventana, pero las luces estaban apagadas y tuvo que esperar. Pasaron días hasta que no pudo más, solo se veía al señor entrar y salir de la casa, probablemente ella también estaba visitando algún familiar. Así que escalo un árbol que lo llevó hasta la habitación de la jovencita. Buscaba al menos llenarse de su aroma o abrazar la almohada, pero se encontró con algo aún mejor, ella estaba ahí, sollozando en un rincón.

Sin saber cómo, terminaron abrazados y compartiendo un cálido beso, que fue interrumpido por las pisadas que subían la escalera: —¡Que no se entere papá! —dijo ella muy exaltada mientras se quitaba una pulsera de la muñeca para dársela al jovencito, quien después de recibirla, emprendió la huida. Al ir tan a prisa, acabó colgando de una rama, donde el padre de la chica pudo verlo detenidamente, prestando especial atención a la pulsera y después le propinó un fuerte golpe dejándolo inconsciente.

Cuando el chico despertó se hallaba en la parte remodelada del jardín; junto a él, de rodillas, estaba el hombre que lo golpeó, tenía los ojos desorbitados, y con sus temblorosas manos, retiraba ansiosamente la cinta de un bulto negro. Ante la mirada incrédula del muchacho, sacó de aquel paquete un brazo, y luego otro, como si buscara algo… de inmediato Ramiro quiso huir y gritar, pero estaba bien atado, igual que amordazado. El hombre desquiciado seguía buscando algo en aquellos brazos cercenados, hasta que al girarlos hacia un lado más iluminado, pudo encontrarlo. Una ligera decoloración en la piel en la muñeca, como si faltara algo que estuvo siempre ahí.

No había Ramiro entendido que esas extremidades pertenecían a su amada chica, y que su padre buscaba afanosamente la pulsera que ahora estaba en manos del joven, porque recordaba perfectamente haberla enterrado con ella. Igual en ese momento ya no había vuelta atrás, el chico vio un cadáver, así que también lo tenía que asesinar, pero en el momento justo que su cráneo seria aplastado por la pala, la cabeza de la chica fallecida rodó hasta él, recibiendo el golpe, emitiendo también un chillido que dejó al hombre inconsciente y alertó a los vecinos.

Desgraciadamente después de eso, el chico no pudo decir mucho, pasaba las horas jugando con su pulsera, recordando aquel horrible momento, y los minutos anteriores en los que un fantasma le dio su primer beso.


La niña del pantano

La niña del pantano

Este cuento de terror no es como cualquier otro, este narra la historia de una pequeña niña que vivía cerca de un pantano en Luisiana, su padre era pescador y cazador de cocodrilos, y su madre era una sencilla y tranquila mujer que se ocupaba de los quehaceres de la casa. Eran una familia humilde que a menudo sufría de discusiones y disputas fuertes, ya que el padre quería tener un hijo varón para poder enseñarle todas sus técnicas de caza y pesca, y que de esa manera algún día se encargara de traer el alimento a la casa cuando el ya fuera viejo. La madre de la niña ya era una señora un poco mayor y un embarazo a su edad y en sus condiciones era algo muy riesgoso.

Después de mucho pensarlo, el padre decidió que sería entonces su pequeña hija quien llevaría el pan a la casa cuando el ya no pudiera, entonces, se dispuso a enseñarle todo lo que sabía. Un día, el padre le dio una escopeta y la llevo a un pantano donde habitaban varios cocodrilos, le dijo a la niña que se acercara y que le disparara a uno en la cabeza. La niña, temerosa, intento negarse, pero el padre la obligó. Al acercarse al pantano sus pies se enterraron en el lodo y uno de los animales comenzó aproximarse, la niña hizo su mejor esfuerzo por atinarle, pero falló, intentó de nuevo y en vez de dispararle a la bestia, perdió el equilibrio y resbaló, siendo así una presa más fácil para el animal. El padre, que presumía de ser un gran hombre, valiente y luchador, corrió al ver la escena, sencillamente escapó de ella. El caimán la devoró viva y al ver eso, prefirió huir e inventar la historia de que la niña se le había perdido. Los que narran este cuento de terror dicen que el alma de la niña en pena logró atraer un día a su padre al pantano donde ella había muerto y, sujetándole los pies en el lodo, fue devorado de la misma manera que ella. Algunos comentan que el alma de la niña sigue ahí, penando entre los cocodrilos y atrayendo cazadores a su trampa en las oscuras aguas del pantano.

El desmayo

Historia del desmayoPalomino iba caminando tranquilamente a su domicilio, cuando de repente comenzó a sentirse mal, pues la cabeza le daba mil vueltas.

– Lo que me faltaba un ataque de migraña y ahora ni siquiera tengo a la mano mis pastillas. Pensó.

Se recargó en la pared de un comercio y esperó a que el dolor cediera. Sin embargo, instantes después cayó desmayado. Luego de unos pocos minutos abrió los ojos y una ambulancia estaba frente a él.

Un paramédico le tomaba el pulso, mientras otros dos se preparaban para subirlo en una camilla.

– Bájeme por favor. Ya me siento bien. Creo que puedo caminar. Dijo Palomino.

– De ninguna manera señor, usted sufre un desmayo y en vista del golpe que tiene en la cabeza, es necesario trasladarlo a un nosocomio para que allí le practiquen los estudios correspondientes y evalúen si sufrió o no daño cerebral. Respondió el médico.

– Pero si esos desmayos me ocurren con suma frecuencia, lo que pasa es que olvidé mis pastillas en casa. Lo de la cabeza es un chichón sin importancia. Le suplico que me deje marchar.

– Ya le dije que no. Una de mis funciones como paramédico es la de justamente vigilar que mis pacientes no corran ningún riesgo. ¡Muchachos, subánlo a la ambulancia!

A causa del alboroto, Palomino no se había dado cuenta de que sus extremidades superiores estaban atadas a la camilla. La verdadera razón por la que no quería subir al ambulancia es que sus amigos le contaron innumerables creepy historias de terror de pseudo camilleros sin escrúpulos que se dedican a asaltar a las personas que han sufrido un accidente.

– ¿Dónde dijo que está ubicada la clínica? Preguntó Palomino.

– Todavía no se los digo señor. Pero ya habrá tiempo para eso. Mientras tanto relájese y disfrute del paisaje pues será el último que vea. Murmuró uno de los paramédicos.

Palomino miró hacia su lado izquierdo y notó que uno de los enfermeros se había transformado en una criatura similar a un murciélago gigante. De su hocico salían un par de horripilantes colmillos.

Los gritos de terror de aquel hombre quedaron silenciados gracias a que el chofer de la unidad, puso en funcionamiento la sirena.

El tarro de galletas

El tarro de galletas

A los niños se les puede enseñar valiosas lecciones, contándoles relatos sencillos o mejor aún, leyendas infantiles cortas.

Un día Matilde fue al supermercado acompañada de su abuelita a comprar víveres necesarios para la comida.

– ¿Qué vamos a comprar hoy abue?

– No lo recuerdo bien hijita. Pero todo lo tengo apuntado en la lista que te di. Dijo la anciana.

– Primero pasaremos a la sección de panes de caja, a fin de elegir un paquete de bollos con ajonjolí.

– ¿No me digas que vas a preparar hamburguesas? Son mi platillo favorito.

– Lo sé, y cómo estás de vacaciones, quiero consentirte un poquito.

Así siguieron hablando entre todos los pasillos y echando cosas al carrito. Cuando llegó el momento de comprar la carne, Matilde vio que enfrente del mostrador en donde estaban apilados los distintos cortes de carne, había una edecán con un gran tarro de galletas.

– Abue, ¿puedo ir con la señorita de las galletas?

– Sí, no te preocupes, desde aquí te veo bien.

Matilde, que era una niña muy educada, se le acercó a la chica de los bizcochos y le comentó:

– Oiga, esas galletas con chispas de chocolate lucen riquísimas.

– ¿Te gustaría probar algunas?

– ¡Por supuesto!

– Este es un tarro mágico, la leyenda dice que sólo los niños buenos pueden extraer galletas de su interior.

El recipiente, era idéntico a casi todos los que Matilde había visto antes, por lo que pensó que únicamente se trataba de un pequeño chascarrillo.

Metió la mano y la abrió lo más grande que pudo, con el objetivo de abarcar la mayor cantidad de bizcochos posibles. Más cuando intentó sacar la mano, no pudo hacerlo.

– ¿Lo ves? Solamente podrás sacar el número de galletas que sea bueno para tu salud.

Matilde abrió su mano y dejó que se le escaparan unas cuantas, luego de eso retiró su mano del recipiente.

La lección que nos deja esta pequeña crónica es que no tratemos de abusar de la gente que nos hace un obsequio.